
Igual que una planta cuando la riegan se siente Ella caminando temprano por las calles, liviana como una nube que es empujada por el viento. A las dos horas de camino le toca subir una cuesta detrás de dos mujeres que van más despacio que ella. Y piensa: Si los coches no deben adelantar por la izquierda, los peatones no pueden adelantar cuesta arriba. Es una ley no escrita, pero cierta. Le van doliendo un poco las plantas de los pies, pero no puede evitar que se le ricen los labios hacia arriba, siempre sonríe cuando es feliz, y ya ha llegado a la librería que buscaba. Entra y aparte de las estanterías repletas de volúmenes, unos nuevos y otros viejos, no hay más que un sillón tapizado de verde, así que se sienta en él. Suelta en el suelo el par de bolsas que lleva y que ya le estaban marcando los dedos, cortándole parte de la circulación. Descansa y respira el olor de los libros, un aroma que le encanta. Hay música de fondo, y ella deja que la música se le meta en la cabeza. Todavía nadie le pregunta lo que quiere. Más que un negocio este sitio, este punto y aparte en el barrio de Malasaña, parece destinado a que la gente se sienta tan a gusto como en su propia casa.
—Hola, no te había visto entrar, disculpa la espera, le dice el dependiente, que estaba fuera en la calle, fumando tranquilamente.
—No te preocupes porque estoy descansando y disfrutando mucho.
—Pues además tenemos café ahí dentro
—!Ah, pues qué lujo, entonces! Dice Ella.
Por fin pide la revista que venía buscando y se pasea entre las estanterías repletas con la taza de porcelana blanca en la mano. Saldrá un poco más cargada de lo que ha entrado pero está pasando un momento delicioso, una perla de instante.
1 comentarios:
Hay lugares que son especiales, por su olor, por su luz, por lo que contiene, pero sobre todo por la personas que los hacen posible.
Besos
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