Mis padres nacieron en Leganiel, un pequeño pueblo de Cuenca, aunque llevan muchos años viviendo en Madrid. Adoptaron las costumbres de la zona, se han adaptado sin dificultad a las normas. Pero de vez en cuando una palabra en jerga rural me recuerda sus orígenes. El verbo irritar es enrritar en boca de mi madre y una -entre enrritada y divertida- no puede dejar de versionar con él un trabalenguas:
El mundo está algo enrritado, quién lo desenrritará el desenrritador que lo desenrrite buen desenrritador será.
Nos reímos las dos a carcajadas y olvidamos durante ese momento las enrritantes injusticias. El mundo es tan serio y la vida tan corta, nos hace tanta falta la risa que bienvenida sea al léxico cabal una palabra mal dicha.
2 comentarios:
Hablar tan literalmente es un poco aburrido, mejor con la gracia de ese vocabulario.
Yo también atesoro palabras desde muy pequeño, frases ocurrentes copiadas de un pasado que mas quisiera para si la literatura...
Bienvenidas las palabras mal dichas o pronunciadas, y la costumbre andaluza de magnificarlas o falsearlas.
En mi casa la casera sera siempre "negra", por mucho que le pese a la cocacola
Un abrazo y gracias por todo
Cierto, la vida es corta. Pero cuando voy al dentista se me viene abajo esta premisa.
El léxico que usan en los pueblos es delicioso. Leí hace poco a un periodista colombiano que comentaba que mucha gente pensaba que si una palabra no existía, por el simple hecho de que no aparecía en el diccionario, era como pensar que una persona no existe por el hecho de que ésta no tenga documentos.
Lo que a lo mejor no suponía es que, tristemente, es así.
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